Hasta que mi superficialidad
corrompió otra vez,
inervando hilos ilusorios
que no se pueden raspar,
permitiendo el acceso de par en par,
de formaciones anúricas que a lagos
ambos muchachos logran canalizar.
Me pregunto el por qué
justo antes de interceptar ondas,
reventó una chispa que recibieran mis pabellones
de guitarras y baterías que bien conoces,
no sé por qué en mi ciudad chocaron ferrocarriles
por miel egoísta, espirales que entrelazaron mis dedos,
mejillas rasguñadas que acaricié por última vez sin tener idea,
una conversación negada por ser bueno
y el remordimiento permanente.
Supongo que por eso se destrozaron los diques
y desparcharon gasas, deterioradas
de moretones que simplemente llevarán a amputar,
luego de un maldito año que desgarre los huesos
de una unión forzada e inexistente.