Ella se convierte en mi mejor amiga cuando las cosas salen mal, atraviesa mi cuerpo con sus sutiles manos hasta extraerla y quedar empolvadas de tristeza y secretos punzantes, es ahí cuando se apodera de mis manos y electrifica hasta transformarse en letras.
Desde tiempos inmemorables que ocurre lo mismo, Soledad no me hace bien, claro que no, pero cuando yo no esté mirando, tal vez sus besos se transformen en la gloria efímera de mundos desconocidos y que jamás conoceré que descifren sin escarvar demasiado entre mi polvo interno, y, quién sabe, tal vez sea ahí cuando esa porquería insignificante se logre acoplar al sentimiento, es ahí, cuando mi trabajo esté hecho.
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