Y el sol saldrá,
aunque las perlas huyen de mis faroles,
aunque las alturas se tiñen pronto y me erizan,
me amedrantan,
me enloquecen,
me acobardan,
me alucinan,
me espantan.
Suben burbujas de objetividad,
y desmadres de ficción,
ahondándome en eclipses,
imponiendo mis mejillas a hervor,
ojeando cautelosamente
como trompos,
mi entidad ovillándose
entre retorcijones,
allí va de nuevo,
mi colon silbando!
cual tetera lista para servir el té.
Así de minúscula,
inervando muecas sonrientes
(al reverso),
incomprensibles,
incorpóreas,
hacia semejantes en la aurora,
en mi nebulosa,
reemplazable,
enterrable,
lóbregas aflorando,
de mi pecho y estómago,
provenientes de algo
que ya carbonizó.
El gato contempla su reinado,
allá arriba del tejado,
porque sabe que el sol saldrá,
ya se aleja de su hogar
(que su casa no será).
aunque sea mañana,
(quizás hiperboliza demasiado),
pero sabe que la estrella templará
coronando al fin,
a todo aquello que también le sonría,
aunque se cubra de petróleo,
aunque muera,
el sol saldrá.
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