miércoles, 12 de junio de 2013

Balazos

Un choque de manos y de vuelta
a ella le toca danzar,
su sangre decora las ropas,
que deletrean la infelicidad.

Su cabello
en cascada cae lozano,
las manzanas se desprenden del manzano,
y en el suelo amanece temprano
por un juego que acaba malsano.

Se cambia de piel y reluce
la mujer de amplia sonrisa,
que en tiempo cercano deduce
que no se encuentra fingiendo,
nadie ingresa a la nave nodriza
preguntando si hay un secreto.

No es algo poco corriente
no es para nada anormal,
el dedo apunta a la gente
porque todos se encuentran mal,
la bestia se destruye sola
discriminando que son los demás,
rasguña por aquí y por allá
lo que de adentro no puede arrancar.


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