Cuando me desmayé
nunca estuve tan lúcida
como en los escombros de ayer
en un colchón de placentas me desplomé
gallos,sus crestas
y mil puntas de siuyén
unas pinzas que levantan mis párpados
para acuchillarme con desdén.
El desplume al divisar tal candor
la conciencia rogando con clamor
durmiendo,durmiendo no despertó
cosiendo y parchando casi con amor
lo que una mano fugaz arrebató.
Cercas eléctricas por todas partes colocó,
de puntas por todas partes cubrió
con espadas de acero se atragantó,
soplando fuego por las bocas incendió
y al sacarles sangre de ojos
con pinchazos notó,
que en su propio cebo cayó.
Pero la madera de ésta caja no se quemó,
y abriéndola entonces sujetaba
las fotografías transparentes que atesoraba,
gotas radioactivas lloraba,
en una casa de muñecas se encerraba,
fregando los suelos de las murallas
y los techos de las azoteas bajaba
la unión como hebillas a sirenas
que llanamente no sirenan de nada.
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