Desesperante es la ligereza
con la que los trazos se tambalean
al pelear contra éstas láminas,
con la misma tenuidad
que los sonidos inteligibles emanan
de las hermanas que se golpean
hasta llegar a un "acuerdo",
hasta llegar a un "acuerdo",
permaneciendo lamentablemente
en temple hasta cierto punto,
en temple hasta cierto punto,
el punto de consecuentemente,
internamente gritar.
Y aunque agite las cavidades
como espejos con estómagos,
reflectan los láseres de la soledad,
me desdoblo y acaricio
diciendo a inflamaciones
diciendo a inflamaciones
que no volverá a pasar,
depositándose en un cómodo canasto
que se interpone en mi esófago
y como nieve se alimenta una,
otra y una vez más.
Las pérdidas de sentido
me volvieron más visionaria
de lo que solía parar,
estiran mi condena y tatuaje
de condición natural,
procurando borrar a quemaduras
que siempre me van de fallar,
más con abanicos lo sosiegan
y al suelo volver a saludar,
reavivan las piedras
que se calientan en mi espalda,
de nuevo haré la receta
para descifrar qué proceso o ingrediente,
salió mal.
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