Ya son dos milenios
desde que parecía haber abierto el candado
Tornándose breves transiciones
de estrés olvidado
y resueltas confusiones,
de pupilas dilatadas,
de ojos felinos,
del logro de un día
y un triunfo que nunca vino.
De ceder mi camilla de nacimiento
para la felicidad de quién me la brindaba
A mí,
de emisiones entrecortadas que intentaban
comunicar,
intentando no vomitar
asquerosas mariposas
que ahora putrefactas deberían estar.
De la continua acrobacia que parecía culminar,
de los sentidos que no perecían
como se pretendía
Celulares vacíos y atrasos excusados
Como siempre te solía perdonar.
Sabes lo mucho que te odio?
Al percibir tu redundado nombre
se me eriza la piel
Cual gato inquieto antes de una tormenta
Porque eso eres
Tan destructivo y explosivo para ti mismo y el resto
tus torbellinos son redes para cualquier ilusa mosca
que caiga en ellas,
con tus inconsecuencias bordadas
incineradas para esconderlas
como polvo bajo tus alfombras
de crisis de indiferencia
y crueldad ante los hechos más palidecentes
y los cordones rosa y azules
A los que muchas veces degollaste.
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